VERDADERA LIBERTAD – Fuera de la organización Watchtower ¿Eres verdaderamente LIBRE?


True freedom out of the Watchtower

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Al salir de la organización después de 40 años de servicio fiel, un testigo de Jehová describe su sentir de la siguiente manera:

“A los Testigos de Jehová se les mantiene tan ocupados, que no tienen tiempo para ser ‘normales’ con ciertos sentimientos de compasión. Siento lástima por ellos y debo esperar en Jehová, pues no tengo las respuestas para poner en orden a estos buscadores de ‘la vida’. Si verdaderamente buscan el ‘Reino,’ las cosas cambiarían.

Se encuentran cansados y sentados con sus ‘boletos a la salvación’ en el autobús que los conducirá al nuevo mundo. Todos ellos parecen creer al anuncio del conductor ‘Pronto comenzaremos el viaje.’ Es humillante bajarse del autobús, y todos te miran como si estuvieras desquiciado.  Después de salir, uno encuentra que no es fácil acostumbrarse al pavimento sólido, por cuanto no has aprendido las ‘lecciones correctas’ para la salvación y debes comenzar de nuevo simplemente con tu amor a Jehová y un sentimiento vacío de culpabilidad.

Debe ser como un esclavo que ha sido liberado y no sabe cómo actuar, o como un pájaro que sale de su jaula y que al principio no escapa volando. Conozco a Jehová (eso creo) y ahora no estoy seguro si soy amigo de Jesús, pues he pasado mucho tiempo diciendo Jehová, Jehová. Y ahora Jehová y Jesús son, de algún modo, diferentes.

Debe haber una razón por la cual Jehová permite que flotemos sobre la corriente como una vara, atravesando toda clase de situaciones en las experiencias de la vida. Algunas veces, simplemente no sé dónde me encuentro.  Con cuánto de este lavado de cerebro debo darme por vencido, y cuánto tal vez esté bien. Me siento mucho mejor cuando me olvido de todo eso y simplemente me retiro a las montañas para orar sin el apoyo del hombre.

¿¿¿Quiere Jehová que nos colguemos de un hilo, justo encima de estos lobos vestidos con pieles de ovejas???  ¿Dónde podemos encontrar a alguien que oiga o entienda lo que hemos atravesado?”

Sus palabras hallaron eco en muchas personas… “¿Por qué Jehová permitió que pasara por esto?” “¿Jehová me ha rechazado?” “¿A dónde iré?” “¿Habrá otra organización que yo deba buscar?” “¿Cómo puedo servir verdaderamente a Jehová Dios y tener su aprobación sobre mi vida?” Jesús dijo, “y la verdad los hará libres.” (Juan 8:32)  ¿Qué significa ser “libres”?

“Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado..”—Juan 17:3

En el Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento Exhaustivo, observa que la palabra griega (ginosko) traducida como “conozcan” en este pasaje, “indica frecuentemente una relación entre la persona que conoce y el objeto conocido; a este respecto, lo que es ‘conocido’ es de valor e importancia para aquel que conoce, y de allí el establecimiento de la relación.…tal ‘conocimiento’ se obtiene no por una mera actividad intelectual, sino por la operación del Espíritu Santo como consecuencia de haber recibido a Cristo.”— Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, 1999, (Editorial Caribe), p. 190

La diferencia entre únicamente adquirir un conocimiento preciso y realmente obtener el “conocimiento” que fluye de una relación personal con el Padre y con Jesús, se puede ilustrar con la siguiente historia verídica:

Un día en 1860, una gran multitud se reunió para observar al famoso equilibrista Blondin cruzar las Cataratas del Niágara. Era un trayecto de poco más de 300 metros, casi 50 metros por encima de las rugientes aguas. La multitud seguía cada movimiento con suspenso. Paso a paso avanzó hacia delante. La gente en la orilla reaccionaba nerviosamente ante cada movimiento repentino de la vara de equilibrio. Pero sus temores y dudas fueron innecesarios; el gran Blondin no sólo cruzó las cataratas a salvo, sino que regresó del mismo modo—para alivio y admiración de la gente.

Volviéndose al público, él hizo luego una oferta sensacional. Cruzaría nuevamente las cataratas, pero esta vez ¡con alguien sobre su espalda! ¿Quién deseaba ir? Nadie se precipitó a aceptar la oferta. Escogiendo a alguien al azar, Blondin le preguntó, “¿Crees que soy capaz de llevarte cargando hasta el otro lado?” “Sí, señor,” respondió el hombre sin dudarlo. “Bueno, entonces, vamos,” urgió Blondin.  “¡Jamás!”—contestó él, desapareciendo entre la multitud.

Y prosiguió así. Uno tras otro expresó gran confianza en el equilibrista, pero ninguno consentía en dejarse llevar hasta el otro lado. Finalmente un joven caminó hacia al frente de la multitud. Blondin repitió su pregunta: “¿Crees que puedo llevarte al otro lado sano y salvo?” “Sí, lo creo.” “¿Estás dispuesto a permitírmelo?” “De hecho, sí lo estoy.”

El joven se subió en la espalda del experto. Blondin se subió a la cuerda, hizo una breve pausa y luego cruzó las cataratas sin dificultad. Había muchos en la multitud que creían que Blondin podía hacerlo. Pero sólo hubo uno que estuvo dispuesto a confiar que lo hiciera.

Una cosa es creer una serie de hechos con respecto a una persona; otra cosa muy diferente es poner tu confianza en tal persona. Por ejemplo, hay muchos que creen en los hechos básicos acerca del Señor Jesucristo: Que es el eterno Hijo de Dios, vivió una vida perfecta, sin pecado, pagó el precio no sólo por el pecado Adánico, sino por todos nuestros pecados personales (1 Pedro 2:24), resucitó y regresó al cielo. Muchos creen que Jesús nos ofrece el “regalo gratuito” de la vida eterna (Romanos 6:23), y que nos ofrece su perfección a cambio de todos nuestros pecados personales (Colosenses 3:3), aún así, nunca se han dirigido directamente a Jesús para pedirle que les dé su justicia a cambio de sus pecados (Hechos 22:16).  Muchos creen que Jesús los puede salvar, pero no permiten que lo haga. Toda persona necesita estar dispuesta a “subirse a la espalda de Jesús” para permitirle a Él que le lleve, por sobre el abismo del pecado, a la presencia del Padre, vestido únicamente con la justicia de Cristo.

“Entonces me mostró a Josué, el sumo sacerdote, que estaba de pie ante el ángel del Señor, y a Satanás, que estaba a su mano derecha como parte acusadora. El ángel del Señor le dijo a Satanás: ‘¡Que te reprenda el Señor…! Josué estaba vestido con ropas sucias en presencia del ángel. Así que el ángel les dijo a los que estaban allí, dispuestos a servirle: ‘¡Quítenle las ropas sucias!’ Y a Josué le dijo: ‘Como puedes ver, ya te he liberado de tu culpa, y ahora voy a vestirte con ropas espléndidas.’”—Zacarías 3:1-4

El creer en determinados hechos acerca del Padre y de Jesús, asistir regularmente a las reuniones y servir en el campo misionero, no hace que una persona tenga una relación adecuada con Jehová Dios, así como el permanecer en una cochera no hace de una persona un automóvil.

Para que una persona pueda tener una relación adecuada con Cristo, debe primeramente reconocer que está bajo una doble condenación a muerte, no sólo por el pecado adánico, sino también por todos sus pecados personales, y que no hay nada que pueda hacer para merecer la aprobación de Jehová Dios (Efesios 2:8-9), pues “todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia.” ante los ojos de Jehová (Isaías 64:6). Entonces, tal persona debe transferir su confianza a Cristo.

Así como el hombre que cruzó la cuerda sobre Blondin tuvo que depositar todo su peso sobre la espalda de este y dejar que él le llevara hasta el otro lado, así también nosotros debemos poner toda nuestra confianza únicamente en Cristo. Si el hombre que cruzó la cuerda sobre la espalda de Blondin hubiera insistido en “hacer su parte,” caminando tras Blondin en lugar de permitir que Blondin le cargara, seguramente hubiese caído.

Del mismo modo, debemos confiar únicamente en Cristo o “[caeremos] de la gracia” (Gálatas 5:4), porque “todos ofendemos muchas veces” (Santiago 3:2). “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23) Únicamente las personas que se han dirigido directamente a Jesús para pedirle que les imparta su justicia a cambio de sus pecados (Hebreos 10:10, 14) son aquellos que han transferido su confianza completa a Él y, como resultado, han llegado a tener una relación personal con Cristo.

Algunos pueden estarse preguntando si es apropiado orar a Jesús y desarrollar una relación especial con Él, cuando la oración únicamente debería estar dirigida a Jehová Dios.

“Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, bautízate y lávate de tus pecados, invocando su nombre…a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser su santo pueblo, junto con todos los que en todas partes invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y de nosotros…los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.”—Hechos 22:16; 1 Corintios 1:2, 9

¿Qué significa “invocar el nombre de Jehová” (Romanos 10:13, Traducción del Nuevo Mundo)?  ¿Estás de acuerdo que cuando las Escrituras establecen que invoquemos el nombre de Jehová, estamos dirigiendo nuestras oraciones directamente a Jehová Dios? Del mismo modo, si alguien declara que está “invocando al diablo,” estaría afirmando que está orando a Satanás. Por lo tanto, cuando las Escrituras declaran que debemos “invocar el nombre de nuestro Señor Jesucristo” para que nuestros pecados sean perdonados, literalmente se nos está obligando a dirigir nuestras oraciones directamente a Jesucristo para pedirle a Él que sea nuestro Señor y Salvador (Romanos 10:9).

No sólo el mártir Esteban invocó a Jesús en oración (Hechos 7:59), sino que en 1 Corintios 1:2, 9, Pablo exhorta a los creyentes a “invocar” el nombre de Jesús en oración y a tener “comunión” con Él. Si no se debiera orar a Jesús, ¿cómo podría una persona tener “comunión” con Cristo? ¿Cómo podría una persona tener compañerismo con alguien con el que nunca habla?

La VERDAD y LIBERTAD auténtica, no se encuentran al identificarse con una organización religiosa en particular, sino en tener una relación personal con Jesús, pues Él mismo proclama ser LA VERDAD: “y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres…Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres…—Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.” (Juan 8:32, 36; 14:6)

“El testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.”—1 Juan 5:11-13

Siempre que te sientas desanimado y pienses que a nadie le importas, por favor, queremos que sepas que a Jesús sí le importas y Él sabe lo que tú has atravesado. Él sabe lo que es ser rechazado por sus amigos más íntimos (Hebreos 2:14-18). La gente te podrá fallar, pero Jesús nunca te fallará porque Él te ama con un amor más grande de lo que puedes imaginar.

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