El testimonio de Jason

  jason_family.:JASON – Cómo Dios Nos Rescató a Mi Familia y a Mí

La teología de la Watchtower de vivir para siempre en la tierra era lo más atractivo para Jason. Él y su esposa Jenny fueron bautizados como testigos de Jehová en 1994 y procedieron a criar a sus cuatro hijos bajo la estricta carrera de la actividad de la Watchtower. Habiendo sido testigos de muchas injusticias cometidas por los ancianos en contra de varios miembros de la congregación, Jason y Jenny comenzaron a ver el control absoluto que la organización tiene sobre sus miembros. En medio de la presión, Jason ponderó las palabras de Jesús en Mateo 11:28 y se preguntó, “¿Qué está mal en mí? No siento esa frescura prometida por Jesús.” Buscando respuestas, ellos se volvieron hacia la Biblia y hacia testimonios de ex-testigos de Jehová. ¡Habiendo encontrado la verdadera libertad en Cristo, Jason, Jenny y sus cuatro hijos son libres por fin!

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Mi historia es similar a la de muchos ex-testigos de Jehová. Mi padre asistía a la iglesia Pentecostal y a las reuniones de avivamiento alrededor de la zona de Boston, en el área rural de Lincolnshire, Inglaterra, durante los años sesenta. Mi madre fue educada como cristiana en la iglesia Anglicana aunque no era activa. Cuando nací en 1971, mi padre y mi madre no asistían a la iglesia, pero aún tenían un amor intrínseco por Dios.

En los inicios de los años setenta, mi tío Derrick (quien estaba casado con la hermana de mi padre) comenzó a estudiar con los testigos de Jehová de la congregación de Horncastle. Él había sido criado como católico, pero con la ayuda de los Testigos, rápidamente aceptó la teología de la Sociedad Watchtower. En poco tiempo, se convirtió y fue bautizado. Mi tío era elocuente en su defensa de la doctrina de la Watchtower y dejaba a mi padre hecho nudos con citas bíblicas.  Mi tío, como nuevo converso, era muy celoso, sin embargo, no pudo convencer a su esposa, y después de la profecía fallida de la Watchtower acerca del tiempo del fin en 1975, se volvió inactivo. Con el transcurrir de los años, se deprimió más y más, sintiendo que había defraudado a Dios (un rasgo común en aquellos que se retiran de la organización).

Entre los doce o trece años de edad, las discusiones con mi tío comenzaron a enfocarse en la Biblia. Yo era diferente a la mayoría de los niños y tenía un curioso interés por todo lo que fuera sobrenatural. Por eso mi tío me explicaba fenómenos como el de los fantasmas, la muerte, la salvación, etc. Lentamente, a la edad de quince, me convencí de que la Watchtower tenía toda la absoluta “Verdad.” Leí la Biblia Traducción del Nuevo Mundo junto a los libros, llamados La Verdad que Lleva a Vida Eterna y  Usted Puede Vivir para Siempre en el Paraíso en la Tierra.

A la edad de quince años, la teología de la Watchtower de vivir para siempre como un ser humano sobre la tierra era lo más atractivo, especialmente por cuanto mi formación se dio en una familia de clase baja que no me dio mucho a qué aspirar. Tenía una actitud terrible hacia la autoridad. Mi comprensión influenciada por la Watchtower acerca del “mundo de Satanás,” la “Falsa religión” y “El control de la naciones por parte de Satanás” me endurecieron con respecto a cualquier aspiración secular. Rápidamente aborrecí todo lo que el mundo tenía para ofrecerme. Para mí, era una pérdida de tiempo precioso, especialmente porque estaba tan cerca la batalla de Armagedón. Parecía que sólo los testigos de Jehová tenían la clave. Ellos eran el pueblo escogido de Dios.

Me casé con el amor de mi infancia, Jenny, a la edad de 19. Éramos pobres y mi resistencia a encajar en una sociedad normal me llevó a realizar muchos tratos comerciales deshonestos. En 1993, con mi segundo hijo (Jordan) en camino, experimenté que Dios me guiaba de vuelta hacia Él. Me vi envuelto en un negocio sórdido que no resultó bien. Toda mi vida llegó a un punto decisivo y sabía que, a menos que cambiara, no sólo perdería a mi familia sino probablemente terminaría en la cárcel. Pero, me preguntaba, ¿a dónde debería ir?

En mi mente sentía que debía ir a los testigos de Jehová ya que creía que ellos tenían la “verdad” y las claves de la vida, pero, ¿cómo convencería a mi esposa? No hubo necesidad de preocuparme porque ella por sí misma comenzó a estudiar con los testigos de Jehová, en un último y desesperado intento por salvar nuestro matrimonio. ¡Me sentí tan entusiasmado! Yo también comencé un estudio, y una semana más tarde, ambos estábamos en el Salón del Reino. Para mí era como llegar a casa, escapando del mundo y estando por fin en un entorno de cariño y amor con verdaderos cristianos.

Fui bautizado en 1994 a la edad de 24 años. Jenny siguió poco después. Le escribí una carta de disociación al vicario local de la iglesia Anglicana. Tristemente, él ni siquiera realizó el intento de llevarme de nuevo a Cristo. Esto, temo, es una de las razones principales por las que las sectas controladoras de mentes continúan prosperando, debido a la falta de interés del clero por ayudar a los miembros del rebaño. Su falta de atención personal simplemente confirmaba mi perspectiva de que el clero era del diablo.

Para ese tiempo, urgí a mi tío para que volviera a la organización de Jehová, pero tristemente, contrajo cáncer y murió antes que pudiera comprometerse nuevamente. Él vivió una vida cargada de culpa y murió creyendo que no volvería. Siempre decía que su experiencia más plena era el ministerio puerta a puerta, sintiendo como si hubiera hecho la voluntad de Dios. Observar tal pensamiento orientado a las obras es una gran carga, y provoca sentimientos de culpabilidad cuando no se llevan a cabo. Este factor de culpa es incluso más aplastante para aquellos testigos que se distancian.

Persistí en predicar con celo a todos los que me encontraba. Eventualmente, convertí a mi madre y a mi padre a los testigos de Jehová, pero felizmente, nunca convencí a mi hermano y a mi hermana para que hicieran lo mismo. Mi entrenamiento en la Watchtower hacía que viera la vida en “blanco y negro.” O estabas en la “Organización de Dios” o estabas “afuera en el sistema del Diablo.” Esta actitud dominaba mi opinión sobre los demás. Creía que los que no eran testigos de Jehová no sólo estaban separados de Dios, sino condenados a morir en el, rápidamente cercano, día de Armagedón.

Progresé rápidamente en la congregación. Llegué a ser un siervo ministerial y me fueron dadas varias responsabilidades, incluyendo la organización de charlas públicas en casa y en otros lugares. Mientras me volvía más confiado, fui utilizado con regularidad para dar charlas en la Escuela Ministerial. Disfrutaba inmensamente enseñar desde el estrado. Eventualmente, me fue dada una supervisión sobre mi propio grupo de estudio de libro y comencé a dar charlas públicas completas. Trabajé en la construcción de Salones del Reino y ayudé regularmente en el Salón de Convenciones de East Pennine. Era un hombre muy ocupado, sin embargo aún sentía que algo me faltaba. Estaba administrando una estricta disciplina a mis hijos y también, lamentablemente, permití a otros en el Salón del Rque disciplinaran a sus hijos de manera similar. Esta manera opresiva de tratar a mis hijos, estilo Victoriano, no ayudaba a mostrar sus verdaderas personalidades, y ahora me lamento inmensamente por ese período de supuesto “entrenamiento.”

No estoy seguro de cuándo comencé a cuestionar si los testigos de Jehová tenía la verdad absoluta, pero los mecanismos de la organización comenzaron a molestarme. Toda reunión comenzaba a sonar igual con los conceptos de “Haz más ministerio,” “¿Puedes ser precursor (trabajar puerta a puerta a tiempo completo)?”, etc. ¡Nada más que obras, obras, obras! Aún lo suficiente, nunca era suficiente, sin importar cuánto te esforzaras. Para el año 2000, había comenzado a tambalearme en esta carrera de actividad continua. Aplicaba religiosamente todo lo que me dijeron que hiciera. Fue algo así:

  • Lunes  = Preparación para el grupo de estudio de Libro del Martes.
  • Martes = Conducir el estudio de Libro.
  • Miércoles = Preparación para la escuela ministerial del Jueves.
  • Jueves = Reunión.
  • Viernes = Preparar presentaciones para el ministerio del Sábado.
  • Sábado = Ministerio puerta a puerta. La tarde del Sábado = Preparación de la Atalaya para la reunión del Domingo.
  • Domingo = Reunión matinal seguida por ministerio puerta a puerta en las tardes. Lunes – todo comienza de nuevo.

Mi mentor testigo de Jehová era Iván. Él había ayudado a fundar la congregación de Sleaford en los años cincuenta. Lo recuerdo diciendo que no existe “fin de semana” cuando no servimos a Jehová. Así, continué persistentemente, creyendo siempre que mientras más hacía, más cerca estaría de Dios.

Comencé un nuevo negocio el cual prosperó. Reflexionando, debería haber estado contento y en paz, sin embargo no lo estaba. Algo faltaba, pero no podía señalar qué era. Mis pensamientos inquietantes continuaban. Comencé a ver hermanos y hermanas aplastados bajo las pesadas cargas del régimen. La gente caía, incapaz de continuar en este carrusel interminable. Comencé a sentir que, como organización, estábamos confinando a Dios, haciéndolo encajar en nuestro molde. Cada charla parecía utilizar la culpa y el temor para motivar a los hermanos y hermanas para hacer más obras. Cuando hablaba yo desde el estrado, daba a conocer el amor y preocupación individual de Dios por los hermanos y hermanas, acentuando cuánto Dios nos ama sin importar lo que podamos o no hacer. No obstante, me sentía frustrado por ser la mía una voz solitaria. Dos ancianos en particular captaron mis intentos independientes por llevar un espíritu de amor y me aconsejaron que me apegara a los bosquejos provistos por la Sociedad Watchtower.

El hecho que tuviéramos reuniones de ancianos para discutir las necesidades de la congregación, no hacía la diferencia, ya que el statu quo (el estado de las cosas) no podía ser cambiado. El propósito del asunto era siempre, cómo producir más obras para el ministerio. Lentamente, comencé a ver a toda la organización bajo una luz diferente. Venían a mi mente las palabras de Jesús de Mateo 11:28: “Vengan a mí, todos los que se afanan y están cargados, y yo los refrescaré.” Le pregunté a un anciano llamado Juan, “¿Qué está mal en mí? No siento esa frescura prometida por Jesús. Más bien, me siento agobiado con obras.” Él no me dio ninguna respuesta.

Hasta el momento, me encontraba realizando mucha lectura bíblica y podía ver el amor que Dios tiene por nosotros separado de las obras. Tal amor verdadero no se veía reflejado en la congregación. Las asambleas y convenciones de Circuito se volvieron rancias. Se decían las mismas cosas, nada cambiaba. Aún cuando Jenny no expresó su opinión, ella también estaba sintiendo la presión. Para este punto teníamos ya tres hijos.

Durante el tiempo que pasé en Sleaford, fui testigo de muchas injusticias cometidas por los ancianos sobre los miembros de la congregación. Las políticas empleadas para obtener “unidad” eran coercitivas. Estas incluían “marcar a las personas” “evitar el trato” “marginar” y “excomulgar.” Con tales experiencias, comencé a ver el control absoluto que tiene la congregación sobre sus miembros. La autoridad opresiva desde arriba hacia abajo se estaba haciendo cada vez más clara. El tiempo que pasaba con los supervisores de circuito, apoyaba mi perspectiva de que estos hombres y los que se encontraban en posiciones más altas, no tenían idea de lo que era trabajar a tiempo completo, criar una familia y ser un Testigo activo. Ellos eran fríos y duros, y la lealtad a la sociedad era puesta en un mismo nivel con Dios. Estos hombres idolatraban a la Watchtower Bible and Tract Society. Adoraban a la organización.

Vi niños a los que hacían sentarse sin moverse por dos horas enteras. Vi a madres solteras siendo menospreciadas, maltratadas verbal y emocionalmente por otros miembros, sólo porque sus niños eran un poco bulliciosos. He visto hombres adultos ser tratados como niños, por hombres en autoridad siendo humillados delante de otros. He visto que con aquellos que ya no podían correr más la interminable carrera de la Watchtower, sus vidas eran desechadas, dejadas de lado y eran calificados como “inadecuados” para el Reino.

Los miembros que observaban todo esto, lo reconciliaban viéndolo con la idea de que “Jehová estaba limpiando su organización” al remover la “paja.” Tal ceguera y falta de amorosa preocupación por los demás me estaba enfermando. Me tomó diez años localizar el problema, pero finalmente, hablé públicamente acerca del control aplastante sobre los miembros.

No estoy seguro de las fechas exactas, pero creo que fue por los años 2002 o 2003 que estaba por ser elevado como anciano. Sin embargo, no deseaba convertirme en uno. Por eso, solicité una reunión con el Supervisor de Circuito para su visita siguiente. En esa reunión estuvieron mi mentor Iván, Juan el anciano, y el Supervisor de Circuito. Recuerdo que le pregunté al supervisor, “¿Cree usted en la inminencia del Armagedón?” Él dijo, “Sí.” Entonces pregunté, “¿Por qué pasamos miles de horas cada mes llamando a las puertas vacías cuando podríamos utilizar mejor el tiempo y el dinero en avisos directos en los diarios o en la televisión?” Hablé de cómo los reportes mensuales tenían un efecto negativo. Cómo los hermanos y hermanas estaban siendo aplastados por las rutinas interminables de las reuniones y el ministerio. Le hice preguntas lógicas y justas. ¡El Supervisor de Circuito no tenía respuesta para ninguna de mis preguntas! Toda respuesta de su parte era utilizando la retórica, la poesía apologética de la Watchtower, frases como, “Debemos seguir al esclavo fiel,” “espera en Jehová,” “esta es la manera en que Jehová hace las cosas,” etc.”

Durante las miles de horas que invertí en el ministerio con el transcurso de los años, conocí muchas personas interesantes que tenían argumentos bastante válidos y, con frecuencia, bíblicos. Comencé a sentir que la verdad absoluta no era sostenida por la Sociedad Watchtower y que Dios podía utilizar a quien Él quisiera. Le pregunté a Iván si alguna vez había conocido a alguien que lo hiciese pensar. Respondió con un enfático “¡NO!” que nada que alguien le hubiese podido decir había afectado su fe en la organización. ¡Creo que él realmente no había estado escuchando a las personas! Al final de mi discusión con el Supervisor de Circuito, ninguna de mis inquietudes fue respondida. Él sólo dijo, “Si sientes las cosas así, entonces tendrás que dar un paso hacia atrás (a la aspiración a ser elevado como anciano).” Lo hice agradecidamente.

Comencé a caer en una profunda depresión no deseando siquiera salir de la cama. Iba a trabajar, llegaba a casa, comía, y me iba a la cama. Dormir era mi único alivio y escape. Después de vivir como un Testigo por diez años, sentí que ya no podía recomendar esta manera de vivir al público. Por lo tanto, dejé de participar en el ministerio. Intenté explicarles a mis hijos por qué había tomado tal determinación, pero era muy difícil ya que yo mismo no estaba 100% seguro.  Mirando hacia atrás, siento que experimenté una crisis nerviosa.

La ira y la amargura comenzaron a apoderarse de mi mente. Comencé a odiar a Dios y a la organización. ¿Por qué Dios empezó este proceso odioso y permitió que sucediera el pecado de Adán? ¿Por qué espera tanto de nosotros? ¿Por qué algunos pueden vivir la vida de la Watchtower y otros no? ¿Era yo simplemente débil? ¿Qué detenía a Dios de terminar con todo este sistema enfermizo e implacable? Surgían más y más pensamientos negativos. Tristemente, no tenía a nadie con quién hablar. La “ayuda” que ofrecían los ancianos era esta, “¡Haremos todo lo que podamos para reajustar tu pensamiento!” Después de que dejé de asistir a las reuniones, fui visitado sólo un par de veces, aún cuando en la villa donde vivo, existen cuatro familias más de Testigos. ¡Habíamos sido “marcados”!

Afortunadamente, mi esposa Jenny ya no aguantaba más. Muchos buenos amigos habían sido aplastados dentro del régimen sofocante de la Sociedad. Habíamos visto separaciones matrimoniales, intentos de suicidios y sucedió la muerte de un amigo querido, todo lo cual podía ser relacionado con el sistema controlador impuesto sobre los miembros de la congregación. Recuerden, esto no sólo ocurre en Sleaford. Todos los seis millones de miembros son controlados de una manera similar desde arriba hacia abajo. Son alimentados con cuchara, acerca de lo que deben ver, leer, comer, celebrar, etc. — un control total sobre la consciencia del individuo.

Me sumergí en el trabajo para escapar a todos mis problemas. Sin embargo, terminé casi en banca rota debido a tanta confusión. Afortunadamente, Nathan, un hermano querido, me ayudó a tener perspectiva en la situación. Él había llegado a estar inactivo en la organización como un año antes que yo. Pasamos muchas horas intercambiando ideas por correo electrónico. Agradezco a Jesús por su apoyo.

En el año 2002, mi querida esposa tuvo nuestro cuarto hijo, una hermosa niña. Este fue un respiro de aire fresco para mí. Mi hija, con su sola presencia, me ayudó a salir de la desesperación para regresar al camino de la vida. En este punto, no había estado leyendo la Biblia por un tiempo. Supongo que fue alrededor del año 2007 cuando el Señor me dirigió a comenzar a investigar nuevamente. Me llevó a estudiar el libro de Romanos. ¡OH! La última vez que leí la Biblia, la había sentido fría, distante y poco práctica. De pronto, se leía como algo nuevo. Comencé a comparar traducciones, yendo al texto griego y por primera vez, la verdad de la Palabra de Dios comenzó a brillar. Jesucristo se estaba haciendo vivo para mí. El pecado, la gracia, el amor, la unidad, la salvación, todas estas verdades estaban brillando con claridad. Era como si Dios, finalmente, me estaba guiando a la Verdad – Jesucristo. Cuanto más leía, más podía ver que la manera de la Watchtower para obtener la salvación por medio de las obras, estaba simplemente equivocada. De hecho, toda la teología de la Watchtower estaba equivocada.

Comencé a investigar en Internet y compré los libros, Crisis of Conscience (Crisis de Conciencia) y In Search of Christian Freedom (En Busca de la Libertad Cristiana). Ambos libros fueron escritos por Raymond Franz quien es un ex-miembro del Cuerpo Gobernante de la Sociedad Watchtower. Habia leído algunos comentarios en Amazon.com, pero nada me pudo preparar para este paseo en la “montaña rusa” de la hipocresía, control, engaño, y claras mentiras expuestas en estos libros. Nunca podré agradecer lo suficiente al hermano Franz por estas verdades salvadoras de vidas. Poco después de leerlos, decidí hablar con otra pareja de ex-testigos de Jehová, Bill y Julia. Bill fue muy amable y considerado al ayudarme a ver la verdad por mí mismo. Me envió varios testimonios de ex-testigos de Jehová, y todo lo que había descubierto y leído en la Biblia, se repetía en estas experiencias. Las escamas habían caído al fin y el hechizo de la Watchtower se había roto.

Hubiera anhelado haber estado en la congregación para poder ayudar a otros a encontrar la verdad en Jesucristo, pero una vez que la verdad salió a la luz, los ancianos actuaron rápidamente. Mi “muerte” total en la organización sucedió así. Un hermano (Mike) había hecho circular por el Salón del Reino volúmenes de los libros de C.T. Russell Estudios en las Escrituras, ofreciéndole a mi padre leer algunos. Me preguntaba si se habría él topado con inconsistencias en estos libros. Por eso le pedí (por intermedio de mi padre) tener una discusión al respecto. Tristemente, todo salió mal y resultó que él era un espía clásico de la Watchtower. ¡Sabía que eso sucedería! Aún cuando mi madre y mi padre sentían que no sucedería nada a partir de nuestras discusiones con él, ese no fue el caso. Dentro de 10 días recibí una llamada telefónica de Richard, el Supervisor Presidente, y las visitas consecuentes de los ancianos Iván y Brian. Después de seis años de no recibir “visitas pastorales” o tener contacto con ningún anciano, ¡fui súbitamente bombardeado con dos reuniones!

Fue una experiencia hiriente. Iván había sido mi mentor. Habíamos trabajado y cenado juntos además de ser amigos cercanos. Sin embargo, todo lo que dijo fue: “Deseamos reunirnos y discutir acerca de lo que has hablado con Mike.” No hubo ninguna pregunta cordial como, “¿Cómo estás? ¿Cómo están los niños?” ¡Nada! Sólo la llana y directa línea dura de la política de la Watchtower. Sin embargo, no discutiría nada con ellos, ya que sabía que esto resultaría en una excomunión. Por lo tanto, decidí preparar una carta de disociación en defensa de mi posición y la de mi familia antes que ellos pudieran levantar algún cargo en mi contra.

Envié mi carta el 17 de septiembre de 2008. Fue una disertación de 28 páginas cubriendo la mayoría de fallas y errores más significativos de la Watchtower. Les pedí explicaciones a las interrogantes planteadas, ofreciéndoles la oportunidad de defender sus creencias y sostuve que me arrepentiría si lograban probar que mis hallazgos hubieran sido erróneos. También envié una copia a mi contador, que también era testigo de Jehová.

Fue el 5 de Noviembre cuando Juan nos telefoneó para hacernos saber que habían aceptado nuestra carta de disociación. Habían esperado la visita del Supervisor de Circuito para tener su consejo. Juan dijo que esto sería anunciado en la reunión de la congregación del día 6 de noviembre. No recibimos ninguna carta o respuesta a nuestras interrogantes, sólo un largo y continuo silencio. La carta no fue mostrada a ningún miembro de la congregación, aparte de los ancianos.

Jes, mi contador, inicialmente respondió a mi carta en lo que yo llamo “una manera humanamente normal,” diciendo que nuestra decisión de tomar un camino diferente no haría diferencia en nuestra amistad o relación laboral. Sin embargo, ese acercamiento cristiano tuvo una corta duración. Supongo que el Supervisor de Circuito lo corrigió.  El 5 de noviembre, me envió una carta de cinco páginas atacándome por la posición que había yo tomado. No dio ninguna defensa ante las interrogantes que yo planteé, pero terminó la carta diciendo que me consiguiera un nuevo contador.

También hablamos de nuestra decisión con amigos cercanos de los testigos de Jehová. Ellos también aseguraron que nada cambiaría. Sin embargo, después de que el Supervisor de Circuito y los ancianos hablaron con ellos, ningún Testigo podía ni siquiera decirnos “hola.” Incluso los niños testigos de Jehová no nos reconocían ni a nosotros ni a nuestros hijos, aún cuando asistían a la misma escuela. Estamos molestos, pero no sorprendidos. Esta política de evitar el trato es, simplemente, control mental desde arriba hacia abajo, el amor de Dios mal puesto, y que ha sido colocado en la creencia de que la Watchtower Bible and Tract Society es la organización terrenal de Dios sobre la tierra. Esta es la razón para este desempeño infantil y bizarro. Para los Testigos activos, nosotros estamos ahora muertos y ya no vivimos más espiritualmente. Para ellos, cualquier contacto con nosotros los llevaría cuesta abajo por el supuesto “falso camino.” Es sobrecogedor ver el control que esta estructura autoritaria dentro de la religión de los testigos de Jehová, tiene sobre el pensamiento de sus seguidores.

Ahora, ¡mi esposa, mis hijos y yo hemos encontrado por fin la libertad en Cristo! Agradezco al Señor por su misericordia y gracia, y oro porque otros que están siendo mantenidos cautivos en el engaño de la Watchtower puedan ser liberados. Mi madre y mi padre también han encontrado ahora al Señor Jesús. Mi familia todavía tiene mucho por aprender, pero el viaje es en Cristo, no en una organización.  Por eso, por fin estamos experimentando las verdaderas aguas que dan vida del Cristo viviente. Tenemos reuniones de “iglesia en casa” las cuales nos llenan con amor y gozo como nada que hubiésemos experimentado en el Salón del Reino. Mi alabanza es para nuestro Dios y Salvador Jesucristo. La gracia de Dios sea con todos ustedes.

Sus obreros en Cristo,
Jason

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