El testimonio de Renee

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Mi nombre es Renee y crecí en un pueblo pequeño en Idaho, con una población de 600 habitantes (quizás). Mi madre, mi hermana y nuestro vecino éramos los únicos testigos de Jehová en el pueblo de Horseshoe Bend. Mi padre no era testigo de Jehová y a pesar de que abusó de nosotras, mi madre permaneció con él porque los ancianos veían al divorcio como “una inmundicia.”

Mi madre se convirtió en testigo de Jehová después de casarse con mi papá y por estar a 45 minutos del Salón del Reino más cercano, siempre nos daban el territorio de Horseshoe Bend  para el ministerio de puerta en puerta. Todos nos conocían y siempre envolvían nuestra casa con papel higiénico (como broma pesada), especialmente en tiempos de Halloween. Mi madre nos decía que los verdaderos discípulos y “testigos de Jehová” serían perseguidos por causa de su fe. Crecí con esta idea sin conocer nada más.

El ir a la escuela era un desafío. Tal como me enseñaron que recibiría “persecución” por mi fe, mis compañeros me odiaban y no tenía amigos. Mi hermana siempre tenía la nariz metida en un libro, de manera que tuve que arreglármelas sola. Los testigos de Jehová me desanimaron a practicar deportes y nuevamente mis compañeros de clase se burlaron de mí. Aún cuando me sentía sola, sabía que estaba haciendo lo correcto.

Después de graduarme, me casé con un testigo de Jehová y vivimos en el pueblo vecino llamado Emmett. Servíamos juntos como “Precursores Regulares” (ministerio de puerta en puerta de tiempo completo) y trabajábamos de noche como conserjes para mantenernos bien económicamente. Trabajamos para un anciano en la organización Watchtower. Después de dos años y medio de matrimonio, mi esposo testigo de Jehová me dejó por otro hombre, ¡y yo estaba devastada! Aún cuando era una “Precursora Regular,” me sentía vacía. Mis “amigos” aún eran amables conmigo, pero si sentí un cambio.

Pronto caí en una depresión y después de que mi ex-marido fue excomulgado de la organización, yo también fui excomulgada en base a acusaciones basadas en rumores. No se me dio ninguna oportunidad para defender mi caso. Me sentí abandonada no sólo por mis “amigos,” ¡sino que ahora por Jehová mismo! Continué orando diciéndole: “hice todo lo que me pediste. ¿No fui fiel y verdadera? ¿Cómo pudiste hacerme esto?” Entre más trataba de regresar a la organización, algo siempre me lo impedía. Asumí que era el mismo Satanás apartándome de “la Verdad.” Entonces me convertí en una persona promiscua para probarme a mí misma que yo no era la causa de que mi marido me dejara de la manera en que lo hizo.

Luego, mi mamá decidió apartarse de mí y mi hermana hizo lo mismo. En ese entonces mi papá ya no vivía en casa (aún cuando no estaban legalmente divorciados), y para poder regresar con mi mamá, decidió hacer lo mismo en rechazarme. Él aún no es testigo de Jehová hasta el día de hoy.

En 1996 conocí a Joe, quien sería mi futuro esposo. (¡En el año 2007 cumplimos 10 años de casados!) No fue realmente grandioso al principio. Éramos compañeros de tragos y pasamos muchas noches interminables discutiendo. Parecía que no podíamos estar de acuerdo en nada. Un día nos sentamos y él me dijo que si no nos poníamos de acuerdo en algo, nuestro matrimonio terminaría. De lo que aprendí, sabía que Jehová aborrecía el divorcio y yo no quería vivir de la manera en que mis padres lo hicieron. Así que acordé en asistir a la iglesia con él.

Cuando llegué a la “iglesia,” sentí como si estuviera en la “casa del diablo,” tal como afirmaban los testigos de Jehová. Con gotas de sudor deslizándose por mi rostro, sabía que ya no tendría la oportunidad de obtener el favor de Jehová. Dado que los testigos de Jehová creen que todas las demás religiones son falsas y que nadie más usa el nombre de Dios, perdí la esperanza de volver a la organización Watchtower. Pensé que moriría en esta iglesia de la manera en que la organización me había advertido, ¡pues yo estaba en la misma “gran Babilonia”!

El temor se apoderó fuertemente de mí, hasta que el predicador comenzó a enseñar acerca de todos los nombres de Dios y lo que estos significaban. No tan sólo mi boca cayó de golpe hasta el suelo, sino que de pronto también mis ojos se llenaron de lágrimas. Los testigos de Jehová me habían enseñado que nadie más usaba el nombre de Dios, pero aquí estaba este predicador, ¡hablando acerca de los nombres de Dios!

Yo lloré silenciosamente en mi asiento, deseando ser la primera en huir de allí a la velocidad de la luz cuando todo terminara. Después de la oración final, en cierto sentido estaba preparando mis zapatos de carrera, cuando la señora de enfrente me preguntó si quería charlar. Todo dentro de mí estaba diciendo ¡¡NO!! ¡¡NO!! ¡¡HUYE!! ¡¡HUYE!! Pero la palabra que salió de mi boca fue: “¡Si!” Ella me llevó a una escalera en espiral detrás del podio de la iglesia. Allí me habló acerca de Jesús, ¡el VERDADERO Jesús! Alguien que murió por mí, no el de la Watchtower que era sólo un hombre que necesitó equilibrar la balanza del pecado. Ella habló del Jesús REAL quien, cuando fue a la cruz, pensó en mí y dijo: “Renee, moriré por ti para que tú vivas.” “¡OH!” fue todo lo que pude decir después de que fui salva ese día, ¡11 de enero de 1998!

Cuando me paré junto a Joe y anuncié que Jesús me había salvado y que todo lo que tuve que hacer fue esperar en Él y aceptar su regalo, lloramos juntos. Me di cuenta que ahora no era yo quien lo estaba esperando a Él. Fue Jesús quien me estaba esperando a mí para que tomara su mano y eso fue TODO lo que tenía que hacer.

Fui excomulgada de la organización Watchtower en 1995 y le agradezco al Señor por aquello que en ese entonces creí que era una tragedia. ¡Ahora lo veo como una bendición! He perdonado a mi mamá, a mi hermana e incluso a mi papá por tomar la decisión de no hablarme, pero ahora tengo una fe nueva, que si Dios mismo me pudo cambiar (la más obstinada de todos) entonces Él ciertamente puede cambiarlos a ellos, aún si eso tarda una vida entera. ¡¡Yo esperaré!!

Aunque los hermanos de mi papá y el hermano de mi mamá regularmente se comunican conmigo (ellos no son testigos de Jehová), ¡el Señor me ha dado muchas más madres, hermanas y padres espirituales para compensar por todo lo que perdí con mi familia! Mi esposo, nuestros dos hermosos niños y yo vivimos ahora en Virginia. Servimos al Señor con mentes abiertas y corazones amorosos. ~Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.”
~ Con mucho amor y oraciones para ustedes… Renee

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