El testimonio de Margery

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.:MARGERY – Al descubrir las verdades bíblicas que contradecían a la Watchtower, ella se salió para ir en pos de la Verdad.

Como una testigo de Jehová, Romanos 11:25-26 realmente abrió los ojos de Margery. El Hecho de que Dios continuara amando a los judíos, teniendo un plan para llevarlos a la salvación, era algo opuesto a lo que le habían enseñado en la Organización Watchtower. Dios le abrió los ojos para ver que predicando el mensaje de los testigos de Jehová, puerta a puerta, estaba persiguiendo a la iglesia, hablando de juicio en lugar de gracia, misericordia y salvación. Margery sabía que debía abandonar la organización, aún si esto significaba perder a amigos muy queridos por ella.

Yo era un ama de casa que no tenía ningún trasfondo de iglesia ni ninguna creencia religiosa en particular cuando los testigos de Jehová llegaron a mi vida. Yo no sabía que existía alguien (un Creador) que había hecho este mundo y el universo en el que vivimos.

Mi historia comienza un miércoles en la mañana mientras preparaba el almuerzo familiar en 1957. Esa mañana llamaron a la puerta y cuando respondí, dos damas jóvenes estaban allí paradas. Me dijeron que había un Creador que nos dio la vida y me hablaron acerca de Adán y la caída del hombre por medio de su pecado de desobediencia, que por causa de este, la muerte pasó a toda la humanidad. Entonces, me dieron un libro titulado, Las Buenas Nuevas del Reino, el cual me pidieron leer, e hicieron una cita para venir a visitarme nuevamente. Yo les dije que volvieran el miércoles siguiente como a la misma hora, y después de leer su libro el cual parecía como la promesa del paraíso en la tierra, esperé ansiosamente su siguiente visita. Incluso fui donde mis vecinos para hablarles acerca de la visita de los Testigos, pero ellos sólo se burlaron de lo que les dije.

Como prometieron, la semana siguiente las dos damas jóvenes regresaron y añadieron más información acerca de las obras del Creador. Me dijeron por qué todos nosotros morimos, y que el pecado vino por medio de este hombre, Adán, y que todos regresamos al polvo de la tierra por causa suya. Después de esto, los testigos venían regularmente a mi puerta, no sólo estas damas, sino otros testigos de Jehová, todos los cuales parecían tener amor los unos por los otros y parecían conocer las Escrituras mucho más que cualquier persona que yo hubiese conocido antes. Nadie que yo conocía, que asistiera a una iglesia jamás habló de Dios o parecía conocer algo acerca de Él, pero aquí había gente que personalmente sabía cosas acerca de Dios, y que podían remitirse a eventos de las Escrituras como si personalmente conocieran a la gente involucrada allí. Este conocimiento comenzó a interesarme y a emocionarme. Estos sentimientos me permitieron ver cosas buenas y malas en mi vida, y las cosas que no le agradaban a Dios. Me di cuenta que deseaba agradar a Dios con mi vida y con todo lo que hacía, así que me vi atraída más y más a este grupo de personas que se autodenominaban testigos de Jehová.  Mientras más y más me asociaba con ellos, mi familia se unía a esto también.

El siguiente paso vino cuando quise pertenecer completamente a la organización de los Testigos. Confiaba en que podía ser salva por estar bajo sus enseñanzas y que no perecería en el Armagedón, sino que heredaría la vida eterna en esta tierra paradisíaca por medio de una resurrección. Quería hablar a tantas personas como pudiera, acerca de las buenas nuevas y de la esperanza que yo tenía.  Entonces, fui puerta a puerta hablando a la gente acerca de este hombre Adán cuyo pecado trajo muerte sobre todos nosotros, pero que testificando el nombre de Jehová Dios, podríamos tener seguridad de vida eterna y ser salvos del juicio de Jehová en Armagedón, de modo que la tierra paradisíaca sea nuestra para disfrutarla eternamente. Tal era el poder del mensaje con el que íbamos puerta a puerta. Parecía tan diferente del mensaje débil de las iglesias, ya que ellas no parecían tener el poder de la esperanza que nosotros teníamos.

Esta esperanza que estábamos experimentando nos llevó a la necesidad de un nuevo local— un nuevo Salón del Reino. Los fondos para la construcción llegaron a través de donaciones de los Testigos y de un préstamo reembolsable de la Sociedad Watchtower, con toda la mano de obra ofrecida voluntariamente. Yo razonaba,

¿Cómo no habría de estar Jehová Dios con nosotros cuando parece estar bendiciéndonos con un nuevo Salón del Reino, y toda la congregación se está involucrando activamente en su construcción, mientras testifican de Jehová? Con seguridad, la gente podrá ver que Dios está realmente con nosotros en nuestras vidas y en nuestros esfuerzos.

Era el año 1968, y poco sabía yo que nunca llegaría a ver el interior del nuevo Salón del Reino. Ayudé a establecer el fundamento, y me fue dada la tarea de poner el primer ladrillo, pero luego Dios intervino y fuera de los Testigos salí.

Yo estaba enferma después del nacimiento de mi última hija. Tuvieron que extirparme el útero y me estaba recuperando en casa. No salí por muchas semanas, pero los Testigos me llevaban a las reuniones, a un lugar que tenían en el centro de la ciudad, mientras esperábamos que se terminara la construcción del nuevo Salón del Reino. Un fin de semana, mi hija (Sylvia) y mi yerno (John) vinieron a visitarme. Ambos eran Testigos también, y se habían ido a vivir “donde había gran necesidad” para plantar una nueva congregación. Llegaron con su pequeña hija Jane, quien decidió que le gustaría quedarse con la “Abuela” por una semana.

Esta es la parte divertida acerca de cómo dejé a los testigos de Jehová. Mientras Jane estaba conmigo, le dio la rubéola, y prometí cuidar de ella durante ese tiempo. John y Sylvia vendrían y la recogerían el fin de semana siguiente cuando se sintiera mejor. Dado que Jane estaba conmigo, me advirtieron que no asistiera a las reuniones porque una señora en la congregación estaba embarazada en sus primeros meses, y no querían correr el riesgo de que el bebé se contagiara con este brote de rubéola.

El fin de semana siguiente John y Sylvia vinieron a recoger a Jane, pero antes de que John se fuera, me llamó a un lado y abrió la Biblia en Romanos 11, y me dijo que leyera sólo los versículos 25 y 26:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad.”—Biblia Reina Valera 1960

John me preguntó qué veía yo en esos pasajes de las Escrituras, y dije, “Oh, que los judíos todavía son amados por Dios y que en el tiempo apropiado Él reunirá a la nación para sí mismo y quitará el pecado de Jacob y removerá sus pecados y todos lo conocerán.” Entonces John y Jane se fueron y cuando John estaba atravesando la puerta, me dijo algo extraño, “Si nunca más me vuelves a hablar, lo comprenderé,” y con eso, se fue.

Me fui a la cama esa noche olvidando todo acerca de sus palabras hasta tempranas horas de la mañana. Cuando desperté, las Escrituras seguían fluyendo en mi mente. No podía retenerlas o recordarlas, pero seguían viniendo. Sentí venir sobre mí una paz maravillosa, aunque en otras oportunidades hubiera estado yo sollozando incontrolablemente, mientras mi marido se recostaba quedándose dormido rápidamente, impasible a mi lado. Alguien parecía estar diciéndome cosas. Veía que al predicar el mensaje de los Testigos puerta a puerta, estaba persiguiendo a la iglesia, predicando juicio en lugar de gracia, misericordia y salvación. La agitación continuó incluso el domingo en la noche, pero no me sentía cansada cuando me levanté la mañana del lunes.

El lunes en la mañana, me puse mi abrigo y caminé hacia fuera sin saber qué iba a hacer. Era la primera vez después de mi convalecencia que salía de la casa por mí misma. No muy pronto llegué a la ciudad donde vi a un Testigo y lo confronté.  Le dije, “Tengo algo que decirte.” Me respondió que no tenía tiempo porque se estaba yendo a un estudio bíblico con alguien, pero que me vería más tarde.  Entonces le dije:

Lo que tengo que decirte es un asunto de vida o muerte. No puedo seguir siendo testigo de Jehová, ¡porque no es verdad! El fundamento de los testigos de Jehová está basado en la enseñanza de que los judíos han sido descartados completamente por Dios, pero su rechazo no es definitivo. Los judíos siguen siendo amados por Dios, y su rechazo es sólo hasta que la plenitud de los gentiles haya sido alcanzada y Dios vuelva su atención nuevamente a su pueblo escogido, a pesar de la desobediencia de incredulidad por parte de ellos.”

Este Testigo me dijo que viniera a la biblioteca y que bajara la voz, pues lo que yo le decía le resultaba chocante e irritante. Él creía que lo que yo le estaba diciendo era del diablo. “Gracias,” le contesté mientras me iba.

Ahora, para hacer breve una historia larga, ese día confronté a todo un grupo de Testigos, y les hablé acerca de las mismas noticias. Ninguno de los Testigos con los que hablé pudo dar un entendimiento de las Escrituras en contexto con lo que la organización enseñaba. Algunos se encontraban aturdidos y desconcertados, pero finalmente se negaron a aceptar las cosas que yo les estaba diciendo. Otros atribuyeron mi conducta a mi reciente enfermedad y no podían entender por qué estaba en las calles y en acción cuando había estado tan enferma. Otros estaban disgustados y casi por derramar lágrimas, ya que lo que yo estaba diciendo me llevaría a ser expulsada de la organización Watchtower.

Y con seguridad fui excomulgada. Se convocó una reunión, y me ordenaron explicar mis acciones. Les dije que abrieran sus Biblias en Romanos 11 y que leyeran las Escrituras. Lo hicieron y se asustaron, no sabiendo cómo explicar lo que estaban leyendo. Intentaron atribuir lo que yo les decía a un estado mental confuso debido a mi enfermedad, pero yo tengo un acento muy marcado de Lancashire (un condado de Inglaterra) y de algún modo, mi voz cambió. Me preguntaron si había estado tomando lecciones de locución, lo cual no había hecho. Les dije que estaba hablando de manera normal, pues no me había percatado de nada.

De todos modos, fui excomulgada, y comencé a darme cuenta que era a Cristo a quien yo pertenecía y no a una organización. Después de eso sucedió lo usual. Ninguno de los Testigos hablaría conmigo, pero seguí diciendo a todos lo que previamente había estado testificando acerca de Cristo. Les dije que los Testigos no eran verdaderos, y que era a Cristo a quien uno pertenecía. Algunos quedaron estupefactos, otros se alegraron de que yo tuviera ahora una relación personal con Jesucristo.

Hablé con los vicarios (sacerdotes o clérigos de alto rango que actúan en nombre de los superiores), pero simplemente no podían comprender mi recientemente hallada fe. Terminé en una pequeña iglesia pentecostal. Era bastante parecida a los Testigos, pero con verdadero amor. Si necesitaba hacerse algo, la gente ofrecía sus servicios. Y el pastor, el señor Smith, brindaba sándwiches de su almuerzo dominical en caso de que alguien que visitaba la iglesia no hubiese comido. Muchos de los Testigos me decían, “Nunca encontrarás a alguien que sea como tú.” Bueno, lo hice, y les sigo diciendo a ellos que en Adán uno muere, y en Cristo, ¡todos vivirán!

John, mi yerno, también había encontrado a Cristo, pero continuaba en su cargo como anciano de los testigos de Jehová mientras una iglesia cristiana oraba por él. Un domingo en la mañana, predicó una charla diferente de la que había sido asignada. Les predicó de Romanos 11, y fue sacado de la plataforma a la fuerza para ser excomulgado más tarde de la organización Watchtower.

Existe mucho más que podría añadir a este testimonio, pero este es un breve relato de mis experiencias. Que el Señor bendiga a cada uno de los que estén leyendo esto, y recuerden que es Cristo y sólo Cristo a quien pertenecen, aférrense únicamente a esa esperanza, ¡y los veré allá arriba!

En Amor Cristiano,
Margery

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