El testimonio de Brenda

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Experimenté una niñez bastante normal y dichosa hasta los nueve años de edad, cuando un día, mi madre fue visitada por dos testigos de Jehová. Al principio pensé que sería divertido recibir un poco de atención de estos “amigos,” como ellos mismos se llamaban. Como yo había crecido en una granja muy aislada en la zona rural de Pensilvania, cualquier novedad que pasaba por ahí era bienvenida, y ellos se veían tan benévolos, tan educados, tan bien vestidos.

Después de un tiempo, me di cuenta de cuánta destrucción podía imponer la Organización Watchtower.  Mi madre, una maestra de escuela dominical en la iglesia metodista en aquel entonces, me sentó poco después de haber comenzado un estudio “bíblico” en casa con los testigos de Jehová y de un solo golpe me dijo que yo tendría que renunciar a todos mis días feriados,  todos mis amigos, mi cumpleaños y a todos mis parientes. Mi vida hasta entonces giraba en torno a los juegos con mis primos, literalmente, desde el amanecer hasta el atardecer; de modo que ¡este fue un cambio bastante devastador en mi vida joven! Ya que no tenía otra elección, me vi obligada a hacerlo. Durante los siguientes nueve años, crecí sin tener una sola amiga y viví una vida solitaria. Yo denomino a este período, mi “castigo de nueve años”, a pesar de mi buena conducta.

Desde el comienzo yo ponía en duda sus creencias, aún así decidí bautizarme como una testigo de Jehová porque mi mamá me dijo: “Si no te bautizas con nosotros, tendrás que hacerlo sola después.” Esa fue una declaración intimidante y persuasiva, ¡sobre todo para una niña de diez años! En aquel entonces no me di cuenta de que al bautizarme, me costaría a mi familia más tarde.

Durante los siguientes nueve años, estaba en las nubes (soñaba despierta) durante las cinco reuniones semanales, para poder sobrevivir las sesiones largas de adoctrinamiento. Algunas veces, literalmente, sentía que estaba clavada en un hormiguero, perdiendo la razón. Para hacerle frente al aburrimiento, me comía las uñas hasta que sangraban y hacía algunas otras cosas “interesantes” que eran realmente espantosas y chistosas. Presencié como maltrataban a mis sobrinos por no permanecer sentados y tranquilos, un resultado común para los niños testigos de Jehová que eran inquietos. Yo también sufrí de abuso físico y emocional.

El llevar un diario me dio algo de alivio, hasta que mi hermana se lo mostró a mi madre. Tan pronto como me di cuenta de que mis pensamientos estaban siendo censurados, envolví mi diario en plástico y lo escondí en un tronco viejo en el bosque. Siempre que sentía la necesidad de mantener mi identidad intacta, iba al bosque a escribir. Todavía tengo ese diario hoy en día, el cual contiene muchos de mis dientes de leche y memorias de una infancia turbulenta. Esos años realmente se sintieron como una sentencia en la cárcel.

A los doce años de edad, escribí una historia horrible y perturbadora llamada “Completamente sola en el mundo,” la cual se convirtió, treinta años después, en el Capítulo 1 de mi libro “Fuera del capullo” (Out of the Cocoon). Afortunadamente, nunca tuve la intención de llevar a cabo mi fantasía horrenda, pero el eliminar mis sentimientos negativos hizo que me fuera más fácil sobrellevar el dolor de estar atrapada. Mi propio sentido común y quizás las cuerdas de salvamento que arrojé, ayudaron a que la situación en mi vida no se tornase peligrosamente volátil.

El pensamiento independiente no estaba permitido. Todos éramos clones hechos con un mismo molde y se esperaba que marchásemos como soldados en un alineamiento perfecto. Al decir que la opresión que yo experimenté fue “sofocante,” sería quedar corta. La única manera en la que puedo describir lo que sufrí es imaginando a alguien sujetando una almohada sobre tu rostro por nueve años mientras luchas por respirar. Imagínalos permitiéndote sólo el aire suficiente para mantenerte apenas con vida.

Cada año se volvía una cuenta regresiva para mí—7 años para estar fuera, 5 años para estar fuera, etc. Como adolescente, arrojé una cuerda de salvamento a una pariente mía, creando una red de comunicación oculta con mi tía en Colorado. Mi madre me prohibió comunicarme con su propia hermana, pero yo sabía que si lograba ganar un oído compasivo, posiblemente mi tía podría ayudarme algún día. Así que por muchos años mi tía y yo nos comunicábamos secretamente a través de una compañera de la escuela. Mi tía enviaba una carta a la casa de mi compañera. Mi compañera llevaba la carta a la escuela, de manera que yo podía responderle. Luego, mi compañera enviaba por correo la carta que yo le escribía a mi tía. No llevé ninguna de las cartas de mi tía a casa para que nuestro secreto no fuera descubierto. Mi tía se volvió mi única conexión real con el mundo exterior y la única voz de adulto de la razón para mí.

Mientras tanto, yo hacía todo lo que la Organización Watchtower me pedía, incluyendo predicar de puerta en puerta por hasta 100 horas mensuales. En muchos aspectos me sentía como las muñecas Barbie con las que jugaba, moldeada, manipulada y falsa. Yo era la adolescente testigo de Jehová perfecta de “plástico”, pero esta era mi estrategia. Sabía que debía dar de mi tiempo en silencio, mientras elaboraba mis planes secretos y tramaba mi escape. Por fuera, me veía como una persona, pero por dentro, trataba de aferrarme a la persona real, el verdadero yo, que se estaba disolviendo. Como una mariposa, entendí lo que era la metamorfosis y utilicé eso para mi propia ventaja.

Poco después de graduarme, arrendé un departamento de una recámara con otras dos compañeras de la escuela y fue entonces cuando se volvió evidente la percepción extremista de mi madre con respecto a la gente en “el mundo”. Ella me dijo que yo me volvería “una prostituta y ladrona” porque Satanás me había atrapado. Yo estaba determinada a demostrar que estaba equivocada.

Desafortunadamente, la estabilidad de mi empleo en un restaurante de comida rápida falló y como consecuencia, comencé a padecer hambre. Sin embargo, tenía mucha tenacidad y determinación para lograr salir adelante. Desesperada, cuando se me acababa el dinero, comía la basura de otras personas. Mi madre, una “cristiana” auto-proclamada (ante los ojos de los testigos de Jehová) comenzó a hacer comentarios crueles, tales como: “Vamos a ir a la casa de tu hermana y he horneado algo de estofado y pastel de manzana casero. Lástima que no puedas venir con nosotros.” Para decir algo a mi favor, nunca robé nada, ni tampoco vendí mi cuerpo para obtener alguna ventaja económica.

Tres meses después, sabía que debía hacer un cambio dramático en mi vida. Ahorré el dinero suficiente para mudarme a Colorado con un boleto de avión sólo de ida. Conseguí un préstamo estudiantil, trabajé en varios empleos al mismo tiempo e ingresé a la universidad en Denver, graduándome con honores en el primer lugar de mi clase. Me sentí muy orgullosa de ser la única en mi familia que había completado una educación superior.

Como una mariposa cuya ala ha sido rota, estaba mal equipada para volar. Mi edad adulta joven continuaba siendo un tiempo peligroso para mí. Perdí mi espiritualidad, estaba enojada con “Dios” y con lo que él me había permitido soportar y caí en una relación co-dependiente con un adicto al alcohol y a las drogas. Necesitaba a alguien, ¡cualquiera que me amara por lo que soy! Después de 10 años, me di cuenta que estaba en medio de una relación disfuncional similar a la que había sobrevivido de niña, y tomé la decisión difícil de divorciarme de mi esposo. Por encima de todo lo demás, yo quería romper el ciclo de disfuncionalidad por nuestro hijo, para que él pudiera vivir una vida feliz y saludable.

Unos cuantos años después, una experiencia espiritual extraordinaria salvó mi vida, la de mi hijo y la de muchos otros. Esto me cambió de ser una agnóstica a ser una creyente en Dios. (Describí mi experiencia en un capítulo de mi libro titulado: “Ángeles guardianes”).

Entonces, ¿dónde está la relación con mi familia el día de hoy? Bueno, no tan sólo mi madre, hermano, hermana, mis 4 sobrinos y sobrina no me hablan desde hace 25 años, sino que la mayoría de ellos nunca ha conocido a mi hijo, que ahora tiene 16 años de edad. Esta religión ha dividido a nuestra familia y ha hecho estragos en tres generaciones. Mi familia cree que debe “rechazarme” por el resto de mi vida para recibir el favor de Dios. La verdad es que me rechazan porque la Organización Watchtower lo requiere, y si no hacen esto, perderán el favor de la organización y serán rechazados por la única “familia” que ellos conocen. He encontrado que su sistema de creencias es increíblemente distorsionado. Pero también, ¡así son las sectas!

Mirando hacia atrás, me doy cuenta que hubiera sido muy fácil para mí caer en las drogas o el alcohol y echar los brazos al aire. En lugar de eso, he elegido volverme pro-activa y educar a otros acerca de las sectas. Estoy haciendo esto ahora por medio de mi publicación trimestral de sectas y a través de mi seminario “Entendiendo a las sectas”, en la Universidad Libre de Colorado (Colorado Free University), en Denver, Colorado. También doy charlas en las iglesias para enseñar a la gente acerca del control mental de las sectas. Además, he sido entrevistada en programas de radio por todo el mundo. (Puedes escuchar estas entrevistas en mi sitio Web – www.outofthecocoon.net). Mi misión es ayudar a las personas a entender las dinámicas de una secta, aprender a cómo ayudar a familiares involucrados en una secta y, lo más importante, ayudar a sanar.

Mi vida ha recorrido un círculo completo y estoy dichosa una vez más, tal como lo era cuando tenía nueve años de edad. Es un contraste fuerte con aquellos años cuando era una testigo de Jehová. Mi hijo es ahora mi “nueva luz.” Lo veo y me doy cuenta de cuán afortunado es él de que su madre se escapó. Si no lo hubiera hecho, él no estaría aquí porque, con toda seguridad, yo me hubiera suicidado.

La gente algunas veces me pregunta si pudiera repetir las cosas, ¿hubiera impedido que aquel anciano de la Watchtower llegara a mi puerta? ¡No, no lo habría hecho! Porque debido a esa experiencia me he vuelto una persona más amorosa, dadivosa y espiritual. Soy alguien que ha aprendido cuán importante es la familia. Soy alguien que ya no está asustada. Soy alguien que ya no está amargada. Fue una travesía extraordinaria para mí desde que la ira, el temor y el resentimiento una vez gobernaban mi vida. Mi única tristeza es haber perdido a mi familia por causa de esta religión tan divisiva y supuestamente “amorosa”. Sin embargo, me consuela el saber que no estoy sola en el mundo. Hay millones de personas allá afuera, tal como yo; sobrevivientes. Espero que algún día, todos aprendan LA VERDAD acerca de la Watchtower y las otras sectas.  Este es mi ministerio.

Out of the Cocoon - A young Woman's Courageous Flight from the Grip of a Religious CultPuedes conocer más acerca de Brenda Lee y su historia al leer su libro titulado “Out of the Cocoon:  A Young Woman’s Courageous Flight from the Grip of a Religious Cult” (Fuera del capullo: el vuelo valiente de una mujer joven de las ataduras de una secta religiosa). Aún cuando Brenda no escribe desde lo que nuestro ministerio podría llamar una “perspectiva cristiana evangélica”, ni se ocupa de muchos de los temas doctrinales que acompañan a la religión de los testigos de Jehová, ella provee una perspectiva franca acerca de cómo es realmente la vida dentro de la “secta” religiosa de los testigos de Jehová. Puedes solicitar su libro en tu librería local o puedes obtener una copia autografiada al ordenarla a través de su sitio Web:  www.outofthecocoon.net.

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