El testimonio de Aaron

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.:AARON

Mi nombre es Aarón. Crecí asistiendo al Salón del Reino desde mi primera semana de nacido. En el álbum de mi madre, donde se escribe acerca del primer servicio en la iglesia, mi madre escribió “Escuela del ministerio teocrático.” Ofrecí mi primera lectura de las Escrituras a los 4 años de edad y mi primera charla acerca de Deuteronomio en 1983, a los 5 años. Comento todo esto para mostrar que tan profundamente arraigada está mi familia en la Organización Watchtower. Mi abuelo es un Superintendente de Circuito.  Mis tíos son Superintendentes Presidentes. Mi primo es un Anciano, como lo fue mi padre por muchos, muchos años. Recuerdo haber estado asustado cuando fui bautizado a los 15 años de edad. Antes de mi bautizo, estuve revisando el libro de estudio con un anciano que apenas si analizaba las preguntas. Debido a quienes eran mis padres, yo pasaba muy bien las pruebas, si saben a lo que me refiero. Con toda esa jerarquía de la Watchtower en mi ADN, se pensaría que yo sería un Testigo ejemplar hasta el día de mi muerte—y lo intenté. Yo anhelaba complacer a mi familia y hacía todo lo que podía para tener su aprobación. Asistía con ciertos “privilegios,” pero a la madura edad de 16 años me di cuenta de que…algo no estaba bien.

Un miembro de la familia me mostró que había otro camino. Y, ¿saben qué? Él tenía razón. Comencé a reflexionar en la noche… “¿Por qué no puedo practicar deportes? Soy lo suficientemente bueno. ¿Por qué la gente se burla de mí en la escuela? ¿Qué hay de malo en que me gusten las chicas? ¿Por qué no puedo ir a la universidad? ¿Por qué todos se casan tan pronto? ¿Por qué ellos creen que el ‘fin’ llegará antes de que se muera ‘esta generación’ (la de 1914), cuando todos los de esa generación ya deben estar muertos?”

Estas preguntas permanecieron y poco después fui ex-comulgado, en 1995, por hacer cosas que la mayoría de los chicos harían en un entorno adolescente normal: sentirse atraído a las chicas y probar cigarros. Desarrollé una antipatía en contra de los que formaban parte de mi panel de jueces. Pensé a mi mismo: “¡Ustedes son sólo hombres! ¡No tengo por qué responderles!” Y a partir de ese momento, supe que Dios me estaba llamando hacia Él. No siempre le he hecho caso, pero su voz nunca es desatendida por los mansos y sensibles, aquellos que lo ponen a Él primero en sus vidas.

Ahora asisto a una pequeña congregación no denominacional llamada Hopeworks. Ellos han sido muy buenos conmigo y proporcionan un hospital para los desesperanzados, los heridos y los perdidos. Fui salvo en 1997. Mi novia y futura esposa estaba en Canadá en un viaje misionero. Si no hubiera sido por su ejemplo fiel y su fortaleza en Jesús, no hubiera estado listo para oír la verdad. Odiaba a “dios” tal como yo lo conocía. Pensaba que Él me había repudiado y que yo era culpable por razones que ni siquiera podía comprender. Pero una noche, me senté en el patio de una iglesia cercana, oré y le rogué a Dios por su misericordia y su perdón, por todas las cosas que yo había hecho.

Entonces fui salvo, pero no fue hasta este año que me di cuenta que Dios es más grande que nuestro pecado. La tierra gira a unos 1,450 kilómetros por hora, el universo es más grande de lo que nuestras mentes diminutas pueden comprender y Él tiene el control de todo. Y por medio de su diseño específico de la naturaleza, la tierra, los planetas alrededor nuestro, lunas, y estrellas (principalmente el sol), Él ha establecido esta cosa hermosa llamada vida, en una rotación amorosa y perfecta. Pero cuando se les da la oportunidad, lo humanos lo arruinan todo y es por eso que nuestros pecados (errores y cosas que hemos hecho para romper las leyes de Dios) necesitan ser perdonados por medio del arrepentimiento y el sacrificio. Jesús hizo eso cuando dio su propia vida por nosotros, para pagar el precio por nuestros pecados y mostrarnos cuánto nos ama. Él nos ha dado perdón y esperanza.

Está bien si tienes miedo. No estás sólo. Vuelve a leer lo que te han enseñado a la luz de las Escrituras y ora. ¿No estás seguro acerca de qué orar? Pídele a Dios que te dé eso. Si tuvieras a tus hijos o sobrinos a tu alrededor, ¿no les darías cualquier cosa que quisieran, siempre y cuando pudieras pagarlo y no les hiciera daño? Bueno, tenemos un Padre Celestial que tiene un amor real hacia nosotros y todo le pertenece a Él. Arrepiéntete de tus pecados. Acepta la muerte de Jesús en lugar tuyo y su regalo del perdón. Entonces, pídele lo que necesitas o anhelas y Él te lo dará si está de acuerdo con su voluntad.

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